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Perú-Senegal: por qué esta vez me quedo con el golpe peruano

AAndrés Quispe
··8 min de lectura·peruseleccion peruanaperu vs senegal
A man sitting in front of a pile of stuffed animals — Photo by MIGUEL BAIXAULI on Unsplash

Crónica del momento

Este martes, alrededor de Perú, la charla no va por una goleada reciente ni por una racha que invite a subirse al coche del entusiasmo fácil. Va por otra ruta. El estreno de Mano Menezes, la intriga que despierta su libreto y el amistoso frente a Senegal, un rival que históricamente incomoda por físico, ritmo y ataques verticales. Justamente por eso me provoca ir al revés de la corriente. Donde muchos imaginan una noche de aguante peruano y poco más, yo sí le veo margen real a respaldar a Perú como underdog.

Y hay memoria para sostenerlo. Cuando la selección de Ricardo Gareca empató 0-0 con Francia en Rusia 2018, Perú perdió, sí, pero durante varios tramos compitió desde el orden, achicó espacios interiores y forzó al campeón del mundo a ir más por fuera de lo que le convenía, y eso, aunque suene menos vistoso que hablar de coraje o mística, fue una señal táctica bastante nítida. No fue un detalle romántico. Fue otra cosa. Una lección: ante rivales atléticos, Perú suele sentirse más cómodo cuando baja una marcha y acorta el partido. Senegal entra, clarito, en esa clase de examen.

Tribunas iluminadas de un estadio durante un partido internacional nocturno
Tribunas iluminadas de un estadio durante un partido internacional nocturno

Lo curioso, o raro de verdad, es que el mercado popular suele castigar a Perú cada vez que enfrenta una selección africana porque mete dos recuerdos distintos en una misma bolsa: la dificultad del choque físico y la idea de que el equipo peruano necesita pelota limpia y tiempo para pensar. Esa lectura, para mí, se queda a medio camino. En partidos de selección, y más todavía en amistosos de fecha FIFA, el ritmo no siempre se vuelve una autopista abierta, de ida y vuelta, como muchos suponen casi al toque apenas ven el nombre del rival. A veces es un ajedrez con chimpunes.

Voces y señales del nuevo ciclo

Menezes habló de “los primeros pasos de un largo trabajo”, y esa frase, que podría sonar a cassette si uno la oye rápido, en realidad apunta a algo bien concreto: primero ajustar distancias, después soltar. No espero una selección lanzada. No, no va por ahí. Espero un equipo junto, con laterales menos temerarios, extremos más atentos al retroceso y un mediocampo que ponga por delante la segunda pelota. Para apostar, eso mueve bastante la previa.

Porque el consenso suele enamorarse del nombre del rival. Senegal pesa por tradición reciente y por biotipo, claro que sí. Pero un debut de entrenador cambia inercias, y bastante, porque en noches así la energía suele ir menos a la automatización ofensiva y más a la disciplina, al orden, a no partirse en dos por querer gustar demasiado pronto. Eso pesa. A un favorito acostumbrado a partidos abiertos, ese libreto puede fastidiarle el plan. Y a Perú, que viene buscando una base nueva, le conviene un encuentro áspero, de pocas ventanas.

No es la primera vez que una selección peruana encuentra aire en un estreno o en pleno reajuste. El 2-1 a Ecuador en Quito en junio de 2021 no fue una obra barroca: fue un ejercicio de bloque medio, presión en momentos muy elegidos y una ferocidad para atacar el espacio cuando el rival quedó partido, algo bastante menos glamoroso que una exhibición, pero mucho más útil en ese contexto. Esa noche mostró algo. Que Perú, cuando no se obsesiona con agradar, compite mejor. A mí ese rasgo me parece más de peso ahora que cualquier etiqueta sobre posesión o jerarquía individual.

Análisis táctico: dónde está el partido

Si Senegal aprieta alto, Perú tiene un camino que antes usaba mejor de lo que muchos recuerdan: salida larga al nueve o al extremo cerrado, caída del interior y pelea por la segunda jugada. Suena menos glamoroso. Sí. Pero frente a este tipo de rival es casi una necesidad, porque insistir en enlazar diez pases limpios solo para quedar bonito puede terminar siendo una trampa medio piña si el equipo queda mal parado. La clave estará en no regalar el carril central. Si Perú obliga a que el rival progrese por fuera, el duelo cambia de tono.

También pesa el calendario. Estamos en marzo, no en pleno cierre de una competencia grande, y eso suele dejar partidos con menos filo del que promete el cartel. En amistosos internacionales, una pausa de hidratación, cuatro cambios tempranos o un ensayo de nombres puede romper la continuidad, cortar el ritmo, enfriar una secuencia que parecía peligrosa y volver todo más desordenado de lo previsto. Esa clase de ruido favorece más al no favorito que al equipo llamado a imponer condiciones. Por eso yo no compro tan rápido la lectura de superioridad lineal de Senegal.

Mi apuesta iría contra el gesto automático del público. Perú o empate en doble oportunidad tiene lógica si la cuota sale arriba de 1.70, y Perú empate apuesta no válida empieza a seducir de verdad desde 2.20. No doy números cerrados. No da. Pueden variar según la casa, pero la idea está clarísima: si el mercado abre una brecha demasiado grande por el prestigio físico del rival, ahí hay precio. Incluso el 1-0 correcto de Perú, para quien juega montos pequeños y busca cuota alta, encaja con el guion táctico más probable.

Quiero frenar un segundo en un detalle menos comentado: la pelota parada. En el repechaje rumbo a Qatar, Perú sufrió cuando el partido se volvió nervioso y fragmentado; pero también ha tenido noches donde una falta lateral o un córner bien ejecutado le dieron vida competitiva, y en choques cerrados esa vía deja de ser un simple apéndice para pasar, casi sin que uno se dé cuenta, al centro de la escena. Si el debut de Menezes trae una selección más compacta, un mercado como “Perú marca primero” puede pagar mejor de lo que sugiere la conversación general.

Un eco del pasado que sí sirve

En Lima todavía se recuerda el Perú-Argentina de octubre de 2017 por el resultado que no llegó, pero tácticamente aquel 0-0 dejó una postal útil. Cuando la selección se convence de que el partido debe jugarse en una baldosa y no en un campo abierto, compite con otra cara. Argentina tenía a Messi, Perú tenía tensión y necesidad. Aun así, el equipo peruano cerró líneas, tapó recepciones interiores y empujó el trámite hacia zonas menos dañinas, algo que no garantiza victoria, claro, pero sí vuelve más exagerada cualquier cuota que pinte a Perú como actor secundario absoluto.

Y acá va una opinión que varios, seguro, van a discutir: a Perú le hace mejor un técnico que primero le quite el maquillaje. Menezes quizá no enamore de arranque, quizá no ofrezca ese desborde emocional que pide parte de la tribuna en el Nacional, pero en un amistoso duro yo prefiero un entrenador que arme una muralla antes que uno que prometa un vals. Así. El consenso quiere una selección vistosa; yo creo que esta selección necesita volverse incómoda. Recién después, jugar bonito.

Pizarra táctica con fichas de fútbol durante una sesión de entrenamiento
Pizarra táctica con fichas de fútbol durante una sesión de entrenamiento

Mercados y lectura para apostar

Si el favorito sale demasiado corto, yo no entraría a Senegal ganador. Ahí el precio suele venir inflado por fama y por un prejuicio viejo sobre Perú ante rivales africanos. Me gusta más partir la lectura en tres mercados posibles, según perfil de riesgo:

  • Perú o empate, si buscas respaldo al underdog con red.
  • Perú empate no válida, si crees que el debut del técnico puede inclinar detalles.
  • Menos de 2.5 goles, siempre que la línea no llegue triturada por el mercado.

Hay una trampa habitual en este tipo de previas: creer que ir con el underdog obliga a perseguir una locura. No. A veces ser contrarian es aceptar que el partido puede ser feo, lento y lleno de interrupciones. Y si eso pasa, Perú no queda lejos. Se mete adentro del partido. En el Rímac, entre charla de esquina y tele prendida, más de un hincha te dirá que con esta camiseta ya vio noches imposibles darse vuelta por simple terquedad competitiva. Esta puede parecer una de esas.

Lo que viene después

Mañana, pase lo que pase, no convendrá sobrerreaccionar al marcador. Si Perú gana, no habrá que vender humo con una resurrección instantánea. Si empata o pierde corto, tampoco tocará demoler el proyecto nuevo. Lo que sí va a dejar este amistoso es una pista para lo que viene: si Menezes logra un equipo de 25 metros entre líneas y con salidas menos ingenuas, las próximas cuotas de Perú van a llegar tarde al ajuste.

Yo me planto en una esquina incómoda, pero con argumentos. El golpe peruano está más cerca de lo que cree la mayoría. Y cuando el ambiente empuja al favorito por reflejo, a veces la jugada buena es la que parece antipática en la previa, medio antipática, sí. Esta vez, la antipática es Perú.

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